6.25.2009

Variaciones del Hotel Chelsea

Te recuerdo desnuda, entrevista, en la negrura de la vieja casa.
Te recuerdo agreste y oscura.
Te recuerdo gimiente, inundada.
Te recuerdo desde mi mirada derribada que pensaba: "Sus muslos, arcilla en el torno del alfarero"

¿Cómo es posible que se olviden los días? Se entremezclan fechas, imágenes, gemidos y caricias... y ya no volveremos a semejar hermosos seres abrazados. Ya no.

No sé muy bien qué somos, ni qué seremos. Ahora, que hablamos en susurros, ahora que nuestros párpados son hojas muertas.

Hemos derribado la casa vieja y la hemos vuelto a levantar. Ahora, dices, todo es mejor. Sólo tres escalones de piedra quedan de los que contaron nuestros pasos nerviosos. Sólo el espacio y la oscuridad. Nada más. Y mis recuerdos.

Alguna noche, en la ronda que hacen los padres, esa ronda de persianas y puertas, durante ese último vistazo a las pequeñas cabezas, en una de esas rondas, créeme, he podido escuchar unos susurros que acuerdan: "Despierta, es hora de volver"



6.24.2009

Giacometti

Verbatim

"Cuando veo una exposición de mis cosas, replicó, como la de la Fundación Maeght, por ejemplo, soy el primero que se da cuenta de que son mejores que las de otros artistas. Pero también sé que no tienen absolutamente ninguna relación con lo que a mí me gustaría hacer, así que, en consecuencia, pienso que no valen nada"

James Lord. Retrato de Giacometti, pag 73 Ed. Antonio Machado Libros. Col. la balsa de la Medusa.


I
Hoy tocaba hablar de dar tierra a los muertos y de cómo me impresionan las voces de los enterradores que rompen el silencio material... pero, ¡estoy tan cansasdo!

Así que dejaremos, simplemente, esa reflexión del artista acerca de la insatisfacción personal, de la búsqueda del ideal, junto a una imagen de un artista llamado Alex Kanevsky


6.12.2009

Los años (hasta ahora)

I



No suman lo mismo los años ahora que antes. Debe de ser que se devalúan, que se empequeñecen; porque, si antes un año era una vida, ahora los años no son sino puntos entrevistos del camino, hitos que habrá que marcar para fijar los recuerdos, para hacerse un historial; y poco más.



Debe de ser que los años se dan importantes en los comienzos, cuando les pedimos: “sé bueno”, “tráeme fortuna”... y suponen que podrán guiar nuestra historia, que serán definitivos. Luego, van cayendo, empujados siempre por el siguiente, que les dice: “¡Inútil! tú no has podido, déjame a mí”. Y así se nos vienen, primero imponentes y luego menos, hasta que los conocemos bien y les decimos: “Pobrecitos mis años, ya no me asustáis. Ya os cuento juntos, de diez en diez” .