3.22.2011

Ven, únete a nosotros frente a aquella
hoguera que hace tiempo alguien prendió;
que más allá tan solo oscuridad
aguarda y no conviene aventurarse
en lo desconocido.

Pues resulta agradable rodearse
de voces y de rostros familiares
(incluso, te pareces… alguien dice
recorriendo los bordes de tus labios,
como si recordara).

Pasaron las legiones, los filósofos,
pasaron los cinceles y las redes
y seguimos formando un frágil círculo
alrededor de la perenne llama.
El tiempo y nada cambia.

Ven, únete a nosotros junto al fuego
y nunca te separes.


Rembrandt, Muchacha en la ventana, 1645

3.17.2011

¡Ay, pena!

Que no te engañen
que las penas con pan
son pan con penas.




Ignacio Zuloaga, La víctima de la fiesta, 1910

3.14.2011

Epitafio

Aquí yace un hombre
que fue lo que pudo
y que quiso ser mejor

Bartholomeus Spranger, Venus en la fragua de Vulcano, 1610

3.09.2011

Miércoles de ceniza

Hoy me limito a copiar la maravillosa entrada que José Manuel Mora Fandos ha publicado en su blog y que, amablemente, me ha permitido usar. La traducción del poema de Eliot y la ilustración son del propio Mora Fandos.


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Cada año, cuando llega esta fecha, me acuerdo del poema de Eliot, Miércoles de Ceniza. Es muy distinto a la Tierra baldía: al autor se le pasaron las fiebres vanguardistas, y las tijeras de Ezra Pound ya no estaban tan cerca. Es el poema de un Eliot que ha sufrido el drama personal y comunitario de la falta de sentido de entreguerras. De alguien que descubre en el cristianismo un camino de paz íntima, que anhela.



Aún me sobrecogen esos versos breves, que repiten pocas ideas, como conscientes de lo mucho, quizás demasiado, que se había dicho antes en Prufrock, en la Tierra baldía, y de lo que comenzaba a surgir en Los hombres huecos. Ahora se percibe como un camino de desnudez poética y espiritual. Eliot tenía temperamento puritano por educación familiar, y no era dado a grandes efusiones sentimentales. Creo que aquí se manifiesta también. Se guarda pudorosamente su concreta experiencia interior, humana. Nos da un modo de poesía, vagamente circunstanciada; pero poesía.



Cuando se lee su gran ensayo "La tradición y el talento individual", sobre la separación entre el hombre que escribe y el que sufre, en la misma persona, hay que leer también la Tierra baldía, pero no menos Miércoles de Ceniza. Se descubre una dimensión más honda, larvada aún, en aquellas opiniones.



En Miércoles de Ceniza, sobre todo, hay desengaño del mundo, resignación... y una llamita de esperanza que, ya en el gozo del último de los Cuatro cuartetos, crecerá hasta ser fuego abrasador que se hace uno con la rosa.

Esta es la primera estrofa, de la primera sección:


I
Porque no espero volver de nuevo
porque no espero
porque no espero volver
a desear el don de este hombre y las posibilidades del otro
ya no me esfuerzo por esforzarme por esas cosas
(¿por qué un águila vieja extendería ya sus alas?)
¿por qué llorar
el poder ya extinto de lo que llaman poder?








Rosales apareciendo, JM Mora Fandos ©

3.08.2011

Dos colillas manchadas de carmín,
y los cristales rotos de algún vaso;
rastros desorientados,
en la mañana
del lunes.

La vida que sucede indiferente
en tu ausencia.