11.11.2010

Las orillas de la felicidad

Como una luz por la rendija, así, de esa manera, entrevemos en ocasiones las orillas de la felicidad. Y sabemos que existe, y confiamos.

Ayer por la tarde, mientras abrazaba mis rodillas, M. me preguntó: ¿A qué hueles?

No sé, le contesté, a colonia...

No, dijo ella, a papá.

Y mi corazón parecía un globo rojísimo, enorme.

4 comentarios:

  1. No me extraña que te emocionaras, K. Los niños, los hijos, dicen a veces unas cosas de una profundidad y de una belleza infinitas.

    Es una lástima que al crecer perdamos esa capacidad para la poesía, ¿no?

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  2. Cierto Fernando, dicen cosas muy hermosas por su sencillez y su ingenuidad. Y sí, es una pena...

    Un saludo

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  3. Te has salido del mapa. Sin palabras.

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