6.10.2010

Arte innato


para decir que no te digo nada
que tú ya no conozcas, o si acaso
para besarte vagamente
los mismos labios.


Desde hace muchos años, considero a Jaime Gil de Biedma como el poeta más eficaz de todos los que he leído. Trato de decir que me gustan la mayoría de sus versos, que es muy difícil encontrar en sus poemas versos vacíos o de relleno y que utiliza las palabras con una precisión que produce envidia. En fin, que sabe transformar los vaivenes de su alma en palabra escrita con una habilidad (de poeta) innata.

De hecho, creo también que si se pudiesen realizar estadísticas del tipo de las que les hacen a los jugadores de baloncesto (lanzamientos a canasta intentados / lanzamientos acertados), pero cambiando los lanzamientos a canasta por versos, el difunto Don Jaime tendría unos números excelentes.

Después de leer su biografía, Jaime Gil de Biedma, Miguel Dalmau, Ed. Circe, 2004, me queda un regusto amargo y pienso que aunque el poeta fuese partidario de la felicidad, da la sensación de que se le escapó a galope tendido. Quizá me equivoque, desde luego.


3 comentarios:

  1. No hay motivos para el cambio. ¿No le ha gustado?

    Un saludo y gracias por su visita.

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  2. Sí, sí que me gustó, sólo que de entrada me sorprendió.

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